Se acercan las fiestas navideñas y tanto niños como adolescentes están inmersos en un círculo de consumismo imparable que no tiene consecuencias positivas para ellos.

El consumismo lleva a éstos a no sentirse satisfechos con nada y a la vez desarrolla en muchos de ellos un rechazo hacia el esfuerzo y el sacrificio.

El consumismo no solo repercute sobre la conducta sino que hay otros factores como la moda, amigos… que también influyen.

Esta “locura” de comprar y de ir a la moda puede hacer caer a nuestros jóvenes en conductas superficiales, en valorar a las personas por lo que tienen y no por lo que son.

 

Qué lleva a los adolescentes a ser consumistas.

Presión de la sociedad: cada vez ésta da más importancia a lo que tienes sobre lo que eres.

Publicidad constante: a estas edades no tienen completamente formado el pensamiento crítico, son mucho más vulnerables de lo que somos los adultos y están bombardeados por la publicidad.

Pertenencia al grupo: la necesidad de pertenecer a un grupo y ser aceptados por él es muy fuerte en estos años.
Y en muchos casos, los adolescentes sienten que para pertenecer al grupo en el que quieren estar, necesitan tener una serie de cosas que generalmente incluye la ropa y aparatos electrónicos.

Intolerancia a la frustración: si siempre consiguen lo que quieren, si no se les da un NO cuando piden y piden … esto tendrá efectos negativos en su edad adulta, porque cuando se hagan mayores encontrarán que no pueden tener todo lo que quieren, no tendrán mecanismos para enfrentarse a esa frustración ni sabrán cómo manejarla; lo que conlleva a poder sufrir problemas emocionales.

Constante insatisfacción: cuando los niños se acostumbran a tener TODO lo que piden, el interés por las cosas nuevas cada vez les dura menos; ya que siempre quieren más y eso ocurre con los adolescentes que no tienen freno en el consumo.

Problemas en la economía familiar: los gastos normales que ocasionan los hijos como la ropa, los libros, la formación… ya supone una gran carga para la mayoría de las familias; si a esto añadimos continuas peticiones de objetos caros … la situación puede volverse insostenible para la mayoría de las economías familiares.

 

Cómo combatir este consumismo

Enseñemos el valor del dinero y del trabajo. Los niños deben entender que el dinero hay que ganarlo y hay que trabajar duro.
Los adolescentes son capaces de entender lo que cuesta ganar el dinero y una buena manera de entenderlo es que trabajen ellos durante sus vacaciones.

Eduquemos con valores morales. Hay que enseñar a los niños a valorar a los demás por lo que son y no por lo que tienen, y esto empieza desde niños reforzándose en la adolescencia.

Aprendamos a decir NO. No podemos suplir el no dedicarles tiempo con comprarles cosas para aliviar esa “culpabilidad”.
No les hacemos ningún bien actuando de esta manera.

Escalonemos las compras. Educar en el consumo no quiere decir que los adolescentes no compren nada o no tengan cosas, ya que como bien he comentado vivimos en una sociedad basada en el consumo y consumirán, pero hay que intentar que este consumo sea responsable y racional.

Por ejemplo: podemos negociar con ellos que si quieren una cosa no tendrán otra en un determinado plazo de tiempo.
O que si quieren algo muy caro deberán pagar una parte ellos (con sus ahorros).

Se trata de buscar estrategias que les ayuden a valorar tanto el valor de las cosas como la certeza de que no pueden tenerlo todo.

 

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