Hoy en día debemos admitir que los niños crecen a pasos agigantados, sumado al ritmo frenético de la vida que llevamos: horario escolar, extraescolar, nuevas tecnologías… por si no tenemos bastante quieren imponer cada vez más a edades tempranas sus propios criterios y con “exigencias” en muchos casos.

Todos sabemos distinguir en un niño un comportamiento adecuado de uno que no lo es, pero cuando nuestro hijo es un adolescente, es frecuente no distinguir cuando una conducta rebelde no es sólo normal sino necesaria.

¿Qué edades comprende?

La adolescencia se inicia a los 11-12 años hasta los 18-20 años.

En esta etapa evolutiva nos encontramos con un camino nada fácil. Entre la niñez y la vida adulta hay una serie de cambios fisiológicos, psicológicos … que el propio adolescente tiene que ir descubriendo y aceptando. Hay una lucha continua entre su autonomía y la necesidad tanto de apoyo como de aceptación de los demás.

El adolescente necesita distanciarse de la relación de dependencia con sus padres para encontrar su propia identidad. La búsqueda de esta independencia le hace ser: inconformista, rebelde, se niega a cumplir las normas, se siente incomprendido, no tiene control sobre sus emociones … con lo cual le hace ser impulsivo.

Cómo tratar la rebeldía

Aunque ésta forma parte de la evolución del adolescente, te facilito algunos tips para que puedas ayudarle y mejorar la relación:

 

–      Hablar de manera tranquila, exponiendo los diferentes puntos de vista.

–      Negociar en lugar de “imponer” normas.

–      Darle cierta autonomía en la media en que cumple con sus responsabilidades.

–      Valorar lo bueno que hace.

–      Pasar tiempo juntos, interésate por sus preocupaciones.

–      Tener paciencia. Nosotros somos los adultos y tenemos más recursos.

 

La relación que vamos a mantener con nuestros hijos durante esta etapa va a ser una continuación de lo que hayamos compartido juntos hasta el momento. Si hemos construido un clima familiar con una buena comunicación y respeto, será más probable que los posibles conflictos se solucionen satisfactoriamente.

Si consideras que los conflictos son muy habituales, incluso graves y has intentado todo lo que está en tu mano para solucionarlo, te recomiendo que pidas ayuda con un profesional de la psicología.

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