¿Te preguntas cómo se manifiestan los problemas de autoestima en un niño?

¿Quieres saber si tu hijo tiene problemas de autoestima?

 

Seguro que en algún momento como padre o madre te has planteado estas cuestiones.

 

Para saber las respuestas, lo mejor es que estemos atentos para detectar comportamientos que sean muestras de baja autoestima en nuestros hijos, y para eso es necesario pasar tiempo con ellos, hablar mucho, interesarnos por sus actividades, dudas…

 

La valoración de uno mismo es un gran paso hacia la buena autoestima.

Para que un niño se sienta seguro es necesario que sea aceptado, valorado y querido por ser como es, y esta seguridad hará que actúe con más libertad.

Si nuestro deseo es que se sienta capacitado para hacer frente a las diferentes situaciones que ocurren durante su desarrollo es necesario que le demos la oportunidad de elegir y de equivocarse; a la vez que le proporcionamos el estímulo necesario para aceptar responsabilidades y asumir consecuencias.

 

¿Cómo saber si mi hijo tiene una buena autoestima?

Por lo general, un niño con buena autoestima suele demostrar el deseo de intentar cosas nuevas, aprender, probar nuevas actividades, reconocer sus errores y aprender de ellos…

 

Cómo podemos estimular la autoestima en los niños

La autoestima se construye a través de un proceso de asimilación y de interiorización desde el nacimiento que puede ir modificándose a lo largo de toda la vida.

Se genera por la imagen que los otros nos dan de nosotros mismos y por el valor que demos nosotros a esta imagen.
Durante la infancia y la adolescencia es donde la autoestima crea una marca profunda, porque es en estas etapas cuando nos encontramos más vulnerables y flexibles.

Ya sabemos que cada niño es único y para construir una buena autoestima debemos considerar factores como el temperamento, habilidades, debilidades… pero a nivel general es importante que:

  1. Incentives el desarrollo de las responsabilidades. Crearle compromisos y que se cumplan.
  2. Ofrecer la oportunidad a la toma de decisiones y resolución de algún problema.
  3. Reforzar las conductas positivas. Por ejemplo: cuando hace los deberes solo o se prepara su ropa para el día siguiente, le puedes decir con cariño: ¡ qué mayor eres! ¡ lo has hecho muy bien!
  4. Poner límites claros y enseñar a prever las consecuencias de su conducta. Ejemplo: “Si no recoges la habitación, no irás al cine con tus amigos” y que no haya vuelta atrás.
  5. Enseñar a resolver sus propios problemas y a aprender de sus errores de una forma positiva. Por ejemplo: si ha suspendido un control, anímale a estudiar más y a prepararse para el próximo. Debe sentir que un error puede ser convertido en aprendizaje y si se esfuerza más podrá aprobar la próxima vez.
  6. Dejar a un lado las críticas nada constructivas. Nada de chillidos ni insultos, ya que perjudican la autoestima. En lugar de decir: “eres un desastre, tienes tu habitación como si fuera una leonera”, mejor decirle: “no me gusta ver tu habitación tan desordenada, haz el favor de poner un poco de orden”.

Así, le demuestras que lo que te disgusta es el desorden de la habitación, no del niño.

El ambiente familiar es el factor más influyente en la autoestima de los niños.

Constantemente nuestra autoestima se ve afectada por las experiencias y exigencias que recibimos de nuestro mundo exterior.

La sociedad “exige” que sigamos unas pautas de comportamiento, de elecciones… iguales que las de la mayoría, por esta razón la construcción de una autoestima positiva debe ser sólida en todos los momentos de la vida de un niño.
De esta manera, no se sentirá inferior por si lleva unas bambas que le gustan, pero que no están a la moda.

Las consecuencias de una baja autoestima puede desarrollar en los niños sentimientos de angustia indecisión, desánimo, vergüenza, pereza… también a sentirse desvalorados, estar siempre comparándose con los demás…

 

Lo importante en todo el proceso de crecimiento de nuestros hijos es que les demos la posibilidad de ser, de sentirse bien con ellos mismos. Que nuestro esfuerzo esté vinculado al afecto, cariño, observación, apoyarles cuando algo va mal… y para esto es necesario hablar con ellos, abrazarlos, interesarse…

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