La ansiedad es una respuesta emocional ante situaciones de estrés: miedo, enfado, tristeza o incluso alegría. Desde esta perspectiva puede considerarse como un hecho positivo, ya que supone una voz de alarma que el organismo emite ante circunstancias que comprometen la propia supervivencia, aunque tiene un componente muy subjetivo, ya que depende de la percepción de cada uno ante los problemas a los que se enfrenta. Se considera que aproximadamente un 20% de la población sufre episodios de ansiedad pese a que en la mayoría de los casos no son conscientes de ello. Sin embargo, la ansiedad puede llegar a ser patológica, además de ser causada por determinadas enfermedades, tanto psiquiátricas como fisiológicas, así como por fármacos. De hecho, la ansiedad está considerada como un síntoma de diferentes cuadros clínicos, pese a que en general ciertos factores ambientales que generan el estrés, como los problemas laborales, económicos o familiares, constituyen la causa más frecuente de los denominados estados de ansiedad. El riesgo es que la ansiedad puede llegar a cronificarse y generar lo que se conoce como un trastorno de ansiedad generalizada, que se caracteriza por un estado de angustia permanente. Asimismo, el hecho de que la persona afectada se sienta incapaz de afrontar situaciones de estrés y la persistencia de las mismas pueden causar una crisis de ansiedad, que se caracteriza por una sintomatología muy similar a la del infarto:

 

  • Palpitaciones.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor torácico.
  • Miedo a morirse.
  • Temblores.

 

Tratamiento

El abordaje terapéutico de la ansiedad dependerá de los síntomas con que se manifiesta, pero la máxima eficacia se obtiene combinando el uso de ansiolíticos con la psicoterapia. Hay que tener en cuenta que en muchos casos la falta de habilidad para afrontar las situaciones que originan el estado de ansiedad tiene un componente educacional que debe corregirse, al tiempo que se enseña al paciente técnicas de relajación que le ayuden a corregir los estados de ansiedad. En cualquier caso, la ansiedad debe ser tratada desde sus primeros episodios con el fin de evitar su cronificación y que se asocie a una depresión. Conviene saber que la ausencia de tratamiento provoca que el 80% de las personas con ansiedad sigan presentando la sintomatología característica incluso años después de sufrir el primer episodio.

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